martes, 17 de marzo de 2015

Me queda tu sonrisa...

Todavía escucho tus palabras cuando me despedí de esa llamada de teléfono... Quedamos en hablarnos a la siguiente semana, como todas las semanas... Un ritual sin ánimo de serlo, de un hábito que traíamos desde el día de mi cumpleaños ese último año...

A veces, cuando se mira la vida en retrospectiva cobra tanto sentido!!
Me llevó solo unos meses darme cuenta que eras de los míos, que esa conexión era tan real como la sangre que nos une... No importa si no nos lo dijeron antes, si lo confirmaron después o si a alguien se le olvidó mencionarlo, ya en nuestros corazones sabíamos que éramos siete... y Tú y Yo las más pequeñas.
Eras mi confidente, la casa donde me iba a refugiar, la sonrisa de la tranquilidad... sin juicios, sin preguntas, solo la mano que me secaba las lágrimas y me devolvía a la tierra.

Fueron sólo diez años a tu lado, pero fuiste tantas cosas... Los suspiros por Luís Enrique, el cafecito de las madrugadas, la consentidera de los plátanos dulces, el masaje de los pies al llegar de excursión, el inexplicable lunar del brazo, los largos viajes en metro, el agua fría por la ventana del baño,  las largas horas haciéndome escuchar BSB con la negrita...  en tus momentos más oscuros iluminaste los míos. 

La verdad fueron muchas, muchas cosas, muchas risas, muchas palabras, muchas horas en ese hospital esperando volver a verte reír...  me da miedo olvidar algo de tanto, me niego a olvidarte... No sé a donde fueron a parar las cosas que me recuerdan a tí, sólo me queda tu sonrisa.

Te extraño porque ya no te puedo ver, te extraño porque significaste mucho, te extraño porque eres mi hermana... 
... Y así tal cual como el aviador al Principito, desde ese mes de marzo cada vez que miro al cielo y en vez de estrellas, me hubieses dado una multitud de cascabelitos que saben reir... mi Nardicita.