viernes, 5 de junio de 2026

Por qué los geeks sienten el arte diferente...

Siempre me ha parecido curioso que muchas de las personas que amamos el arte también amamos las galaxias lejanas, los dragones, los superhéroes, los viajes en el tiempo y los mundos que no existen...

O tal vez sí existen... Solo que no en este planeta.

Durante mucho tiempo pensé que mi amor por la pintura y mi amor por las historias eran cosas distintas. Por un lado estaban los pinceles, los colores y los lienzos. Por el otro, las películas, cómics, los libros, los parque temáticos y las convenciones.

Con los años entendí que en realidad nacían del mismo lugar... ¡De la imaginación!.

Porque el arte tampoco se trata solamente de lo que vemos. Se trata de todo lo que imaginamos alrededor.

Cuando observo una pintura, rara vez veo solo pintura. Veo historias. Veo preguntas. Veo posibilidades. Veo lo que ocurrió antes y lo que podría ocurrir después.

Quizás por eso tantas personas creativas terminan enamorándose de universos ficticios, no porque quieran escapar de la realidad, sino porque nunca dejaron de creer que la imaginación tiene valor.





En un mundo que constantemente nos pide ser prácticos, rápidos y productivos, los geeks siguen defendiendo algo extraordinario: la capacidad de maravillarse.

Y el arte necesita exactamente eso.

Necesita personas capaces de mirar un lienzo vacío y ver una galaxia...

Mirar un dibujo y ver una aventura...

Mirar una historia y encontrar una parte de sí mismos...



Tal vez por eso me siento tan cómoda entre pinceles, lápices, libros, lightsabers, películas y convenciones. Porque todos esos lugares hablan el mismo idioma...

El idioma de quienes todavía creen que la imaginación puede cambiar la manera en que vemos el mundo.

Y quizás, solo quizás, esa sea una de las formas más hermosas de arte.

martes, 2 de junio de 2026

Entre el cansancio y los colores, me vuelvo a encontrar

Hay una idea muy romántica sobre el arte...

Hay quienes creen que el artista tiene el corazón ligero y la mente en calma listo para crear. 

Pero es que muchas veces el arte nace desde el cansancio.

Desde quedarse mirando un canvas sin saber si queda suficiente energía para seguir.

Desde inventar con el café frío al lado, la cabeza llena de pendientes y el corazón agotado… y aun así, uno elige pintar.

Y aunque las manos pesen, aunque la mente no descanse y aunque el cuerpo pida pausa, el arte sigue siendo refugio.

No siempre se pinta desde la inspiración.
A veces se pinta desde la supervivencia.
Y eso también es hermoso.

No porque sea fácil. Sino porque a veces crear es exactamente lo que evita que algo dentro de nosotros se apague.

He descubierto que el cansancio también deja marcas interesantes sobre el arte... Las pinceladas se vuelven más honestas. Más intuitivas. Menos obsesionadas con la perfección.

Tal vez por eso algunos cuadros terminan sintiéndose tan humanos.

Porque fueron creados en medio del ruido, del caos, de las noches largas y los pensamientos desordenados.

Pintar cansada no siempre se siente épico... A veces se parece más a sobrevivir suavemente.

Pero incluso allí, entre el agotamiento y el silencio, sigue existiendo algo hermoso: la necesidad profundamente humana de crear algo bonito antes de ir a dormir...

miércoles, 27 de mayo de 2026

Los colores me encontraron lejos de casa...

Hubo un tiempo en el que dejé de pintar...

No porque dejara de amar el arte… sino porque la vida empezó a pesar más. Mi país se volvió incertidumbre... Luego llegó la maternidad, las responsabilidades, el sobrevivir, el intentar ser fuerte todo el tiempo. 

Poco a poco, sin darme cuenta, guardé una parte de mí junto con mis lápices y acuarelas.

Y así, pasaron casi quince años...

Cuando llegué a Salt Lake City todavía no sabía en quién iba a convertirme lejos de casa. Solo sabía que extrañaba algo. Por un momento pensé que era el Ávila, hasta que vi las Wasatch Mountain, tenía otro frío, otra luz, otro silencio... pero mi Ávila estaba allí, en otro idioma. 

Como las mariposas amarillas siempre han sido mis compañeras de aventuras, un día le pedí a mi mamá que me enviara mi libro de Cien años de soledad... Y como las madres siempre entienden cosas que uno ni siquiera sabe explicar, ella aprovechó y metió también mis colores, acuarelas, lápices, papeles, tizas y carboncillos.

Todavía recuerdo abrir aquella caja... era como abrir una puerta que llevaba demasiados años cerrada.

Y un día simplemente decidí empezar... Solo necesitaba volver a sentir algo mío.

Hasta mi hijo se sorprendió de lo que podía hacer. Y honestamente… yo también.

Al poco tiempo fui a Salt Lake Comic Con. Recuerdo caminar entre artistas y pensar, casi como un sueño imposible: “quizás algún día yo podría estar aquí”.

Y pasó...


Un año después llevé mis dibujos. Con muchísimo miedo. Sin hablar inglés. Sintiéndome pequeña entre tanta gente talentosa. Pero aun así mostré mi trabajo.

Y entonces empezó a ocurrir algo extrañamente hermoso... La gente se detenía. Miraban mis dibujos. Sonreían.

Y poco a poco, a través de los ojos de desconocidos, empecé a creer en mí.

Entendí que el arte nunca se había ido realmente. Solo había estado esperando el momento correcto para regresar.


A veces pienso que volver a pintar no fue simplemente recuperar un hobby...

...Fue recuperarme a mí.

martes, 19 de mayo de 2026

Nos queda una ranchera pendiente




viernes, 12 de diciembre de 2025

Tú y yo para las que salgan...

Recuerdo una vez que me asomé a tu puerta para darte las buenas noches, te paraste y me diste un beso en la frente... ciertamente los roles cambian, ahora eres tú el más alto, el que abraza con fuerza, el que besa en la frente.
Ya no eres mi chiquitito de ojos pícaros que se asustaba con lulu y hablaba con los lobos. El terremotico que llenaba el silencio con música y balones.

Nunca pensé que podría temerle a nada, hasta el día que sentí que te había fallado.
Se en mi corazón que todo lo que he hecho y lo que he dejado de hacer ha sido por ti y para ti aunque nadie lo vea. Y no me importa lo que digan los jueces que se creen perfectos o los psicólogos sin título que creen poder hacerlo mejor, me quedo con la frase que me regalaste una navidad: "no eres la mamá perfecta, pero eres perfecta como mi mamá".

Pasé por el infierno en tu época más oscura, y lo pasaría mil veces por ti, porque nosotros, tu y yo, somos invencibles!

Te amo bonito.

lunes, 16 de diciembre de 2024

Mi blog ya tiene rostro...

No son cien años, pero si van muchos desde que lo leí por primera vez y me enamoró. Me enamoré de la soledad que llevaba dentro cada miembro de la familia Buendía, me enamoré de la intensidad y la ingenuidad de José Arcadio por lograr cada proyecto en su laboratorio de alquimia, me enamoré de la persistencia de Úrsula y de sus animalitos de caramelo, pero principalmente me enamoré de Macondo, un pueblo construido a orillas del río, más allá de la ciénaga que desde su fundación, su creciemiento y hasta su decadencia, es un lugar mágico donde cualquier cosa puede pasar...

Hoy, terminé de ver la primera parte de la nueva serie de Netflix en honor al libro que hizo al Gabo acreedor del Premio Nobel de Literatura. Sus colores, la producción, la fotografía, el casting, el vestuario... lo amé.

Es tonto comparar el libro con una versión audiovisual, la imaginación es infinita y no tiene límites de presupuesto... pero esta producción de Cien Años de Soledad le ha puesto rostro a los personajes con los que conviví en mis horas de lectura. 

Ver a José Arcadio Buendía amarrado al castaño fue un experiencia uffff ¡me explotó la cabeza!. Ver su tristeza por la muerte de Melquiades, el miedo de Úrsula por tener hijos con cola de cerdo, los ojos inexpresivos del coronel Aureliano, la belleza e inocencia de Remedios, es que hasta la cándida Eréndira y su abuela desalmada fueron por muy poca diferencia como las imaginé...

Puedo verla una y otra vez así como he leído el libro tantas veces que he perdido la cuenta...

Solo me queda esperar a ver cómo será Mauricio Babilonia rodeado de sus mariposas amarillas...


fotos: Netflix

martes, 18 de septiembre de 2018

El otro equipo tenía más goles, pero... ¿realmente ganaron?

He pasado los últimos años entre uniformes y balones. He visto a mi muchacho cambiar de color, de canilleras, de bolso y de bandera. Hace rato que dejó las tallas de niño para usar camisas casi de adulto y ya hasta perdí la cuenta de la cantidad de tacos que he comprado porque le quedan apretados ¡cada 4 meses!.

No recuerdo específicamente cada juego, ni los nombres de otros equipos, tampoco tengo la cuenta de la cantidad de goles. Muchas de mis memorias como mamá futbolera reposan en el disco duro de mi computadora y en el album de mi teléfono. 
Pero seguramente una de las cosas que perdurará en mis recuerdos (al menos por algún tiempo si el alemán no me ataca) es uno de los juegos de mi hijo de este fin de semana.
El juego comenzó normal, como cualquier otro, con saludo de los equipos, presentación de los árbitros y todo lo demás. El cambio empezó al cabo de un rato cuando algunos padres empezaron a gritar para que sus hijos le dieran "más rápido, más fuerte, más vivo" como si se tratara de la copa mundial o de la vida misma, sin importar a quién se llevan por medio... Comenzaron las jugadas rudas, los codazos, los empujones, y lo más triste es que sus padres los animaban para que fueran más rudos, como hombres... ¿Cuándo olvidamos que todo esto empezó porque un pequeñín sólo quería divertirse?

Supongo que la actuación del árbitro influyó en que el juego estuviera plagado de frustración, de peleas, de penales injustos, pero especialmente de golpes (no cantados en su mayoría) donde tres de los nuestros salieron de la cancha, dos por contusión en la cabeza y el otro porque tiene algo en su rodilla.
Creo que es la primera vez que no presté atención al juego, sólo quería que terminara pronto para que no salieran más lastimados. Sólo son niños dando su mejor esfuerzo por ganar, pero sobre todo por jugar, por disfrutar y allí, ese día, nada fue divertido.
Los ánimos empezaron a caldearse detrás de las líneas de la cancha y los padres hasta golpes se ofrecieron unos a otros. Se gritaron, se ofendieron y pretenden que los niños no "se porten mal".
¿Qué es lo que le enseñamos a los que se suponen son el futuro?
Mi hijo me dijo que los niños de ese equipo son geniales, muy chévere, sólo que se dejan llevar por la adrenalina y si nadie les dice nada pues ellos van a seguir adelante por ganar. Pero yo me pregunto, si nosotros como padres no les enseñamos que la vida, como el juego de fútbol, es un trabajo en equipo que debe ser limpio, leal, con valores. Que en las caídas hay que levantarse y seguir corriendo para llegar a la meta. ¿En qué se convertirán?.

Al terminar el juego, una señora gritaba "losers" desde el estacionamiento, yo me limité a verla... era el reflejo de una persona que se atreve a gritar perdedores a otros cuando con su actitud demuestra que ella lo es desde hace tiempo. Me subí a mi carro con el sabor amargo de que estamos perdiendo a nuestros niños, no sólo por la tecnología que los aisla, sino por nosotros mismos que no les damos las herramientas de ser buenos hombres.

Sí, el otro equipo tenía más goles, pero... ¿realmente ganaron?.