Siempre me ha parecido curioso que muchas de las personas que amamos el arte también amamos las galaxias lejanas, los dragones, los superhéroes, los viajes en el tiempo y los mundos que no existen...
O tal vez sí existen... Solo que no en este planeta.
Durante mucho tiempo pensé que mi amor por la pintura y mi amor por las historias eran cosas distintas. Por un lado estaban los pinceles, los colores y los lienzos. Por el otro, las películas, cómics, los libros, los parque temáticos y las convenciones.Con los años entendí que en realidad nacían del mismo lugar... ¡De la imaginación!.
Porque el arte tampoco se trata solamente de lo que vemos. Se trata de todo lo que imaginamos alrededor.
Cuando observo una pintura, rara vez veo solo pintura. Veo historias. Veo preguntas. Veo posibilidades. Veo lo que ocurrió antes y lo que podría ocurrir después.
Quizás por eso tantas personas creativas terminan enamorándose de universos ficticios, no porque quieran escapar de la realidad, sino porque nunca dejaron de creer que la imaginación tiene valor.
En un mundo que constantemente nos pide ser prácticos, rápidos y productivos, los geeks siguen defendiendo algo extraordinario: la capacidad de maravillarse.
Y el arte necesita exactamente eso.
Necesita personas capaces de mirar un lienzo vacío y ver una galaxia...
Mirar un dibujo y ver una aventura...
Mirar una historia y encontrar una parte de sí mismos...
Tal vez por eso me siento tan cómoda entre pinceles, lápices, libros, lightsabers, películas y convenciones. Porque todos esos lugares hablan el mismo idioma...
El idioma de quienes todavía creen que la imaginación puede cambiar la manera en que vemos el mundo.
Y quizás, solo quizás, esa sea una de las formas más hermosas de arte.






